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30 de junio de 2026 · 4 min de lectura

El primer día de preescolar: la despedida en la puerta y el vínculo que no se rompe

Preescolar (3-5 años)

Pocas escenas remueven tanto como dejar a tu hijo llorando en la puerta del preescolar y verte obligada a irte de todas formas. La culpa que aparece ahí es enorme, y muy pocas veces alguien te dice de frente: esa ansiedad de separación es una señal de que el vínculo entre ustedes es fuerte, no de que algo salió mal.

La ansiedad de separación en esta etapa es un hito de desarrollo esperado, no una excepción. Significa que tu hijo entiende que tú eres su base segura, y que separarse de esa base —aunque sea por unas horas— le genera una reacción real. La mayoría de los niños, incluso los que lloran fuerte en la puerta, se calman minutos después de que te vas — algo que las maestras suelen confirmar si les preguntas directamente.

Una despedida corta y consistente ayuda más que una larga. Prolongar la despedida por la culpa (quedarte 'un ratito más', volver a entrar si llora) casi siempre alarga la angustia, tanto la suya como la tuya. Un ritual breve y predecible —un abrazo, una frase fija tipo 'te recojo después de la merienda', e irte— le da más seguridad que quedarte dudando en la puerta.

Construir un pequeño ritual de despedida (un choque de manos especial, una frase que sea solo de ustedes dos) le da a tu hijo algo predecible a lo que aferrarse en un momento incierto. La predictibilidad, más que la duración de la despedida, es lo que realmente calma a esta edad.

Si la ansiedad de separación persiste con mucha intensidad más allá de las primeras semanas, vale la pena comentarlo con la maestra o el pediatra — cada niño tiene su propio ritmo de adaptación. Pero en la mayoría de los casos, esas lágrimas en la puerta son parte normal del proceso de aprender que separarse no significa perderse, y que tú siempre vuelves.

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