20 de mayo de 2026 · 4 min de lectura
Cómo poner límites sin sentirte una mala madre
Poner límites suena fácil hasta que hay que hacerlo de verdad. Decirle que no a tu hijo, a tu pareja, a tu familia, o incluso a ti misma cuando te exiges más de lo razonable, casi siempre viene acompañado de un pensamiento incómodo: '¿y si por poner este límite soy una mala mamá?' La respuesta corta es no. La respuesta larga vale la pena explicarla.
Un límite no es un castigo, es información: le enseña a tu hijo (y te enseña a ti misma) qué está bien y qué no, dónde termina tu energía disponible, y que tus necesidades también cuentan. Los niños que crecen con límites claros —puestos con calidez, no con dureza— suelen sentirse más seguros, no menos amados.
Con los demás adultos también aplica. Decir que no a un plan que no tienes energía para sostener, o a una petición que te desborda, no te vuelve egoísta. Te vuelve alguien que protege lo poco de energía que tiene para poder seguir dando el resto del día.
Una forma práctica de empezar: elige un límite pequeño esta semana. Puede ser tan simple como no contestar mensajes después de cierta hora, o decir 'hoy no puedo' sin dar tres explicaciones para justificarlo. Nota cómo se siente. La primera vez incomoda. Con la práctica, se vuelve más natural.
Poner límites no te aleja de tus hijos ni de las personas que quieres — te permite estar presente con lo que sí tienes para dar, en vez de dar desde el agotamiento y el resentimiento. Eso, a largo plazo, es mejor para todos, empezando por ti.
¿Buscas más que artículos?
Momora es tu refugio diario: un lugar sin juicio para desahogarte, guardar tus momentos y recibir consejos hechos a tu medida.
Conocer Momora